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Roland Fischer (Saarbrücken, Alemania, 1958) ha desarrollado una obra que destaca en el ámbito de la fotografía contemporánea, como lo prueba su extensa lista de exposiciones en galerías y museos de Europa y Estados Unidos. Muchas de sus obras forman parte de las principales colecciones de arte contemporáneo de Alemania y EE.UU. Fischer concibe la fotografía como un método de análisis: emplea la cámara para deconstruir la realidad a fin de extraer sus rasgos definitorios, creando una suerte de visión de rayos X del objeto de su mirada. Una catedral gótica, el sitio de la Alhambra de Granada o los más asépticos ejemplos de arquitectura urbana contemporánea son descompuestos y reconstruidos bajo un ángulo diferente: las estructuras clásicas relevan una inusitada expresividad, mientras que las fachadas de los edificios de oficinas despliegan interesantes composiciones abstractas.
Dossier Roland Fischer
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Roland Fischer. El retrato de la arquitectura Santiago B. Olmo Tradicionalmente el género del retrato ha estado asociado a la representación simbólica del poder o de la belleza encarnados en rostros concretos, pero también ha permitido al arte profundizar en el mundo interior del individuo, representar primero al alma, luego al carácter y finalmente al psiquismo, como diversas etapas de conocimiento del ser humano individual y colectivo, al ser simbólico en definitiva. Escudriñar y palpar esas dimensiones interiores a través de la representación del cuerpo y del rostro individual e irrepetible, ha permitido al arte construir un camino estético deductivo que conduce desde lo particular a lo general o universal, y establecer un método de conocimiento propio, ligado a la visualidad, organizando estructuras simbólicas para la mirada. La expresión "el rostro es el espejo del alma" es un lugar común en el lenguaje cotidiano, pero tiene una validez programática para el arte, en la medida en que propone el reto de la representación de lo que no es perceptible solo a través de la mirada desnuda, requiere una intervención subjetiva y a la vez una distancia crítica. Precisamente la fortuna, desarrollo, esplendor, decadencia y revitalización del género del retrato en las artes plásticas ha estado condicionado a la consideración no sólo de las prioridades estéticas, sino que sobre todo ha estado determinado por el valor y el sentido que ha tenido el conocimiento (y lógicamente la representación de sus formas y contenidos) del interior psíquico en cada momento histórico. Si nos ceñimos a la pintura, el declive del retrato se inicia lentamente a lo largo del siglo XIX. En el romanticismo el paisaje es el espejo más intenso del alma que observa y contempla, la pintura de historia expresa la dimensión moral de la vida individual y pública, y las vanguardias en general se centran en el lenguaje como investigación de una dimensión revolucionaria que busca otras fórmulas de comunicación estética más tensas en lo social que en lo individual. Por otra parte en el surrealismo, el sueño condensa la vida interior y sólo en el expresionismo, donde pesa la aportación del tormento interior del psicoanálisis, el retrato cumple una función eficaz cognoscitiva. La fotografía cuya supuesta objetividad había socavado, si no el prestigio sí la fuerza, del género pictórico del retrato, es también la responsable de su revitalización y reconsideración en un sentido más globalmente artístico, a lo largo del siglo XX. En los años 50 y 60 se concentra lo interior en la acción como gestualidad pictórica (expresionismo abstracto norteamericano) o como acontecimiento (Fluxus, performance, etc.) y en el pensamiento (Conceptual). En ese panorama la fotografía desde múltiples perspectivas canaliza el retrato como reivindicación de lo interior, desde la representación del cuerpo y del rostro, profundizando en un lenguaje renovador y propiamente retratístico, mientras que en la pintura sólo ocurre algo semejante de manera residual e individual de la mano de algunos maestros fuera de toda corriente (Bacon, Balthus o Freud) [1]. Pero además la fotografía ha establecido una construcción del retrato desde una consideración del tiempo mucho más compleja que la propia pintura, cuyo desarrollo acompaña los avances técnicos de las máquinas, introduciendo numerosos matices en la captación del rostro y sus implicaciones psicológicas. Desde los primeros aparatos que precisaban prolongadas exposiciones, a las cámaras compactas y al fotomatón, el retrato fotográfico ha evolucionado en una dimensión de tiempos fotográficos. Pero también ha considerado aspectos constructivos que permiten reflexionar desde el lenguaje fotográfico sobre el sentido de la representación y lo representable. El retrato como problema ha centrado la atención del trabajo de Roland Fischer a lo largo de los años 80, especialmente en dos ciclos muy emblemáticos y renovadores Nonnen und Mönche (1984-86) y Los Angeles Portraits (1989-91). En el primer ciclo la penetración en lo psicológico indicaba valores simbólicos (también morales o espirituales) universales que trascienden a un individuo concreto, y a la vez enmarcaba los rostros de monjas y monjes en sus tocas y capuchas, de tal manera que la mirada fotográfica actúa sobre una realidad que ya está enmarcada y recortada. Esa mirada que recorta lo que ya está enmarcado es una metáfora del propio lenguaje fotográfico. En el segundo ciclo lleva al límite estos recursos, desposeyendo a los retratos de mujeres sumergidas hasta los hombros en el agua de una piscina de toda expresión que denote emoción, sus miradas están dirigidas hacia dentro y no transmiten si no una profunda superficie impenetrable. Los rostros también alcanzan una dimensión simbólica, pero en el despojamiento más radical y en las apariencias de modelos estéticos en los que se podría establecer una lectura social. Enmarcados en el agua de la piscina flotan en un lugar impreciso semejante a un limbo visual y representativo en el que se disuelven las connotaciones individuales pero no se alcanzan caracteres universales [2]. Esta profunda experiencia del retrato ejerce a mi juicio una gran influencia sobre todo en el plano de la percepción y en las ideas sobre las posibilidades de la representación fotográfica, en dos de las últimas series de tema arquitectónico Kathedralen (1997 - "Catedrales") y Fassaden (1998 - "Fachadas"). En ambas series la arquitectura funciona primero como un texto que es analizado (en el sentido postmoderno) y en segundo término como un rostro cuya aproximación fotográfica se hace a través de los elementos que constituyen la penetración psicológica e interior propia del retrato. De esta manera Roland Fischer puede acentuar la distancia crítica y aplicar con toda rudeza la mirada de la objetividad a la arquitectura pero integrando en el método de acercamiento la agudeza interpretativa que requiere un retrato. La objetividad no es una condición de estilo, y tampoco es una finalidad. Más bien constituye una intención y una herramienta que permite establecer una distancia para intensificar la profundidad del análisis. Algo parecido a lo que podía ocurrir en un plano formal en Los Angeles Portraits, pero en esta ocasión con el objetivo de establecer una reflexión sobre el sentido profundo de la arquitectura. En la serie de las catedrales la arquitectura es abordada desde un estilo específico, el gótico, y éste es tratado desde sus caracteres interiores más esenciales: la combinación geométrica como un infinito, las tensiones cruciales entre transparencia y volumen, peso y ligereza, y finalmente plano exterior y profundidad interior. La espiritualidad del gótico está sugerida a partir de una superposición de diversas combinatorias ornamentales y diferentes elementos constructivos. Los planos superpuestos ponen también de relieve la importancia de una ornamentación cuyo objetivo no es la decoración si no la expresión de una idea ecuménica y universal de elevación, transparencia y espiritualidad. En Fassaden en cambio la arquitectura se convierte en un fragmento, pero lo suficientemente expresivo y denso como para permitir "retratar" el carácter psicológico y el sentido que posee tanto la fachada como el edificio al que ese fragmento pertenece en la civilización de las corporaciones y las grandes compañias. El edificio es símbolo y emblema de poder por lo que cada detalle está medido y calculado para ser irrepetible, individualizado, pero a la vez suficientemente comprensible dentro de un sistema lingüístico de valores puramente decorativos. Estos son combinables e intercambiables en un conjunto de diferencias, que acogen la excentricidad y la rareza como el signo de lo específico. Las fachadas aparecen no en su totalidad, sino en breves fragmentos. El análisis es más profundo en el detalle significativo que en el conjunto del edificio, quizás porque también la percepción contemporánea y la cultura a ella asociada es fragmentaria. Las fachadas son de cristal y ocultan desde su cromatismo pero dejan traslucir su interior, levemente, como si fueran rostros. En esta serie como en las catedrales no hay una investigación de tipologías, ni de contextos, los principios en los que se ha desarrollado básicamente la fotografía alemana de las últimas décadas. En este sentido ha sido decisiva la influencia que ha ejercido sobre toda una generación de creadores la obra de Bernd y Hilla Becher. La fotografía se ha volcado al análisis de la arquitectura y del paisaje urbano, pero manteniendo un rigor tensado en la objetividad y en un análisis de especificidad formal, a partir de lo cual pudieran desarrollarse intenciones narrativas. Por el contrario en la obra de Roland Fischer no se plantea la tipología como manera de acceder al conocimiento de la arquitectura. Para ello emprende una exploración profunda del sentido y el significado de arquitecturas muy definidas concretadas en estilos. Desde ese punto de vista, abordar un estilo arquitectónico requiere la utilización por parte de la fotografía de una herramienta comprensiva que desborde o supere la documentación a la que conduce el análisis tipológico. Esa herramienta es la aproximación a la realidad que proporciona el retrato y de alguna manera ha sido formalizada por R.F. en un "estilo" propio, en el que cabe otro tipo de análisis, basado en la consideración de la penetración psicológica. Objetividad y subjetividad se tensan en un equilibrio muy medido, equilibrio de la interpretación y del conocimiento. En la serie Fassaden la arquitectura se transforma en pintura a través del color y de las formas que remiten a una pintura geométrica, abstracta, de colores artificiales y de matices tecnológicos. Se trata de una pintura decorativa, como la propia arquitectura. El hecho de que esta serie haya sido realizada en la República Popular de China, aporta un matiz esencial. La ausencia de una tradición arquitectónica de la modernidad ha permitido el surgimiento de nuevos modelos creativos desde una tecnologia basada en la informática más que en el dibujo o el proyecto, en la improvisación, la copia y lo artesanal más que en una sólida formación. Rem Koolhaas ha tratado desde un plano no sólo teórico, también ha intervenido en proyectos concretos como el del Pearl River Delta en 1996, la realidad urbanística y arquitectónica de la nueva Asia emergente, valorando especialmente la ausencia de prejuicios y las fórmulas inmediatas en el nivel creativo, el gigantismo y la espectacularidad en las intervenciones: un urbanismo que "eleva la mediocridad al más alto nivel"(elevates mediocrity to a higher level - solo inglés)[3]. La apropiación de estilos y su combinación alcanza niveles delirantes, pero a la vez permite el desarrollo de un concepto de arquitectura diferente en el que el fragmento y las sintesis incongruentes son canales esenciales de comprensión. Roland Fischer ha captado esa ausencia de carácter de la arquitectura más actual en su formulación más caótica y más impersonal, a través de fragmentos más directamente conectados con una idea decorativa de pintura, emblema de modernidad tecnológica, que con una noción de funcionalidad que transmita una idea de futuro. Las fachadas presentan la imagen imperturbable, detenida y fría de una sociedad implacable y estereotipada, convencional y sin embargo espectacular. La vulgaridad es también el lugar donde aparece un extraordinario nivel de refinamiento, sobre todo a través del fragmento. Inquietante caos e impersonalidad, especificidad y seriación, se corresponden con los aspectos más ligados a lo humano de su experiencia china. Roland Fischer retoma paralelamente el retrato, como en el movimiento de un rizoma, cuando aborda los rostros humanos seriados en forma de fachada arquitectónica utilizando los aspectos más revulsivos del fotomatón. El retrato retorna como un motivo de reflexión y de auténtica experimentación que conduce a la elaboración de un estilo propio desde el que constituye la clave esencial de su aproximación fotográfica a la realidad. Notas [1] Sobre estas cuestiones relativas al retrato en general y al retrato fotográfico, ver los artículos siguientes Rosa Olivares, El retrato como medio de conocimiento, Eduardo Pérez Soler, El retrato fotográfico contemporáneo. La reaparición del sujeto y Ramón Almela, Auge contemporáneo del retrato, la expansión de los límites del género, en Lápiz n.127, Madrid 1996. También Juan Antonio Ramírez, Retratos, alegorías, espejos incluido en el catálogo de la exposición Los géneros de la pintura. Una visión actual, CAAM de Las Palmas, Museo de Arte Contemporáneo de Sevilla y MEAC de Madrid, 1995-96. Este último cuenta con traducción al inglés en el mismo catálogo. [2] Régis Durand ha abordado estas dos series de Roland Fischer en repetidas ocasiones con gran agudeza y penetración. Metáfora de la imagen en catálogo de la exposición Einsamkeit, Fundación La Caixa, Madrid y Barcelona 1992 y 1993, y Retratos fotográficos: la flotación de los signos en el catálogo de la exposición To Be And Not To Be, Barcelona 1992. Ambos en versión catalana e inglesa. Ver también La part de l'ombre - Essais sur l'experience photographique, Editions de la Difference, Paris 1990. [3] Rem Koolhaas interviene en documenta X donde presenta su personal visión de la arquitectura a la luz de las experiencias chinas de desarrollo urbanístico y arquitectónico. El catálogo de documenta X aporta luz sobre este argumento.
Roland Fischer Saarbrücken, 1964 Selección de exposiciones individuales 2011 Galeria Maior, Pollença Von Lintel Gallery, New York, EE.UU Walter Storms Galerie, Munich, Alemania Museo Domus DA2, Salamanca 2010 Michael Schultz Gallery Seoul, Seul, Corea del Sur Michael Schultz Gallery Beijing, China 2009 Galeria Maior, Palma Galeria Max Estrella, Madrid 2008 Von Lintel Gallery, New York Goethe Institut Hong Kong Art Center, Hong Kong, China Fidelity International London, Inglaterra Gallery 140sqm Shanghai, China Carlos Carvalho Arte Contemporanea, Lisboa 2007 Galerie Walter Storms, München 2006 Gow Langsford Gallery, Auckland, New Zealand Galerie Sollertis, Toulouse Galerie Walter Storms, München 2005 G Fine Art, Washington DC Galeria Max Estrella, Madrid Galeria Presenca, Porto Kunsthalle Lingen 2004 Galerie Clairefontaine Luxembourg Galerie Sollertis, Toulouse Walter Storms Galerie, Düsseldorf Galería Maior, Palma de Mallorca Von Lintel & Nusser Gallery, New York G Fine Art, Washington D.C., EEUU Sala Amós Salvador, Logroño, España Centro de Arte Caja de Burgos, España Dombergmuseum Freising, Alemania 2003 Pinakothek der Moderne, München Centro Galego de Arte Contemporánea, Santiago de Compostela Galería Max Estrella, Madrid Walter Storms Galerie, Munich 2002 Galerie Wolfgang Gmyrek, Düsseldorf Galerie Sollertis, Toulouse, Francia G Fine Art, Washington D.C., EEUU Von Lintel & Nusser Gallery, New York 2001 Galeria Maior, Pollença, Mallorca Von Lintel & Nusser Gallery, New York 2000 Galerie Clair Fontaine, Luxemburg Galerie Wolfgang Gmyrek, Düsseldorf, Germany 1999 Von Lintel & Nusser Gallery, New York Galerie Sollertis, Toulouse, France 1998 Galleria Helga de Alvear, Madrid Galerie Thomas von Lintel, Munich Galerie Stefan Röpke, Cologne Galerie Claire Fontaine, Luxembourg 1997 Galerie Thomas von Lintel, Munich Galerie Six Friedrich, Munich Artothèque de Caen, France Overbeck-Gesellschaft, Lübeck, Germany 1996 Centre d’art contemporain, Evry, France Galérie Sollertis, Toulouse, France 1995 Galérie de l’Ecole des Beaux-Arts, Quimper Kunstbunker Nürnberg, German Galerie Schneider, Frankfurt 1994 Gallery Carine Campo, Antwerpen Galerie Six Friedrich, Munich Kunstmuseum, Nijmegen Galérie Sollertis, Toulouse, France 1993 The Photographer’s Gallery, London Gallery Storm, Amsterdam Gallery Carine Campo, Antwerpen Le Printemps de la Photographie, Musée Henri Martin, Cahors 1992 Städtische Galerie im Cordonhaus, Cham Kunstverein Ludwigsburg Kunsthalle Bielefeld, Germanx Galérie Christine et Isy Brachot, Paris 1991 Städtische Galerie im Marstall, Rastatt, Germany Landemuseum Linz Galerie Matthias Kampl, Passau Gallery Carine Campo, Antwerpen 1990 Saarland Museum, Saarbrücken, Germany Akademie Weingarten, Germany Galerie Schneider, Frankfurt 1989 Musée d’Art Moderne de la Ville de Paris Galerie Mosel und Tschechow, Munich 1987 Galerie Mosel und Tschechow, Munich 1983 Galerie Loft, Munich 1981 Goethe-Institut, New York 1980 Amerikahaus, Munich Selección de exposiciones colectivas 2004 About Face: Photography and the death of the Portrait, Hayward Gallery, London Je t’envisage, Musée de l’Elysée, Lausanne Compostela, Centro Galego de Arte Contemporáneo, Santiago de Compostela 2003 Cara a Cara, Culturgest, Lisboa, Portugal 2002 Face à Face, Collection Contemporaine de la BCEE 1970-2000, Banque et Caisse d 'Épargne de l'État, Luxemburgo 2001 Fotografie und Archiv, Stadthaus Ulm, Alemania Dans le bain, Institut d 'Art Contemporain Villeurbanne, Francia Sammlung DaimlerChysler, Haus Huth, Berlín, Alemania Das Gedächtnis öffnet seine Tore, Kust der Gegenwart im Lenbachhaus, Städtische Galerie im Lenbachhaus, Munich, Alemania T 'es toi quand tu te regardes, Musée Géo-Charles, Echirolles, Francia Im Spiegel der Zeit, Porträt und Selbstporträt, Kunstverein SchloB Plön, Alemania Dies lieux et des choses, Forum Culturel de Blanc- Mesnill, Francia Regards croisés, Forum Culturel de Blanc-Mesnill,Francia 2000 The Aldrich Museum of Contemporary Art, Ridgefield,CT, USA; Komplementäre Raumvisionen, Deutsche Gesellschaft für Christliche Kunst, Munich; 1999 Gotische Reflecties, Stadsgalerij Heerlen, Netherlands; Photography from the Martin Z. 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