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InicioExposicionesAdrián Navarro - Palma

Adrián Navarro - Palma

Espacio Carmin, 2014, óleo y acrílico sobre lienzo, 130 x 210 cm.

Espacio Carmin, 2014, óleo y acrílico sobre lienzo, 130 x 210 cm.

Espacio Ultramar, 2014, óleo y acrílico sobre lienzo, 170 x 170 cm.

Espacio Ultramar, 2014, óleo y acrílico sobre lienzo, 170 x 170 cm.

Fragmento Oliva (Espacio), 2014, óleo y acrílico sobre lienzo, 75 x 40 cm.

Fragmento Oliva (Espacio), 2014, óleo y acrílico sobre lienzo, 75 x 40 cm.

Fragmento Tierra (Espacio), 2014, óleo y acrílico sobre lienzo, 40 x 122 cm.

Fragmento Tierra (Espacio), 2014, óleo y acrílico sobre lienzo, 40 x 122 cm.

Fragmento Turquesa (Espacio), 2014, óleo y acrílico sobre lienzo, 40 x 122 cm.

Fragmento Turquesa (Espacio), 2014, óleo y acrílico sobre lienzo, 40 x 122 cm.

Fragmento Violeta (Espacio), 2014, óleo y acrílico sobre lienzo, 75 x 40 cm.

Fragmento Violeta (Espacio), 2014, óleo y acrílico sobre lienzo, 75 x 40 cm.

Vista de la exposición Espacios y Loops de Adrián Navarro en Palma, 2014

Vista de la exposición Espacios y Loops de Adrián Navarro en Palma, 2014

Vista de la exposición Espacios y Loops de Adrián Navarro en Palma, 2014

Vista de la exposición Espacios y Loops de Adrián Navarro en Palma, 2014

Nota de Prensa:

FUNAMBULISMO TECH

Quisiera señalar dos asuntos que desde hace ya tiempo rondan mi cabeza cada vez que contemplo el trabajo de Adrián Navarro (Boston, 1973), casi siempre fugazmente y siempre a través de la pantalla digital.

Pues se trata de pinturas hechas también, quien sabe si primeramente, para contemplarse en digital, retro iluminadas, igual o más que en el estudio o en la galería de pintura. Es decir que se trata al mismo tiempo, y he aquí un primer punto de ambigüedad y por tanto de fascinación, de un doble recorrido contradictorio hacia la tecnología, o mejor dicho hacia la adaptación de la disciplina pictórica a las posibilidades de la tecnología (y viceversa), a la misma vez que el pintor insiste en la condición atávica de su actividad, precisamente a través de la elemental técnica, no ya de la tecnología, con la que pinta encima de sus cuadros. El pintor contemporáneo carga con la obligación de restituir el mundo sobre el espacio pictórico, proyectando la imposibilidad de aprehender el mundo en el cuadro pero a la vez forzando al mundo a violentamente encajar, en testaruda inmovilidad, en el formato cuadro-pintura; rectangular, y plano. 

Estos mundos sobre lienzo, esfera tras esfera, anillo tras anillo, loop tras loop, espacio tras espacio,... que reciben y absorben tanto como reflejan, en su obsesiva repetición forman una serie infinita y suponen la primera de las citadas preocupaciones: ¿por qué se afana Adrián Navarro en pintar serie tras serie, en un juego de temas y variaciones cuyo final no se vislumbra? Sin aparente objetivo ni avance, sin aparente progresión o desenlace. Sería fácil vincular esta actitud a la omnipresencia, en los discursos contemporáneos en arte, del concepto de “archivo” y de la idea de serie; de la huida de lo narrativo y de la presencia tal cual de un trabajo que se justifica sencillamente a través de una lógica interna autoimpuesta. Y no estaríamos desencaminados. Pero quisiera aventurar una hipótesis más arriesgada como sería, a base de desgastarlo hasta la extenuación, la de la desaparición del tema por puro desbordamiento. El tema como asunto de tal evidencia y visibilidad, que deja de ser un aspecto de interés. Se da por hecho y pasa a un segundo plano. Pintura sin tema por tanto como salto sin red del funambulista en la cuerda floja de la actividad pictórica, quien se atreve a aventurar la desaparición del tema como la adquisición de un nuevo grado de libertad: asumida la repetición infinita de tema y técnica como algo que no se cuestiona, la percepción de este trabajo se acerca a aquel momento en el que la sobreexposición al ruido infernal de la ciudad alcanza la anulación del estruendo, y de golpe dejamos de oír para pasar a una fase sorda en la que los sentidos se acrecientan y la distorsión perceptiva facilita nuevos descubrimientos en lo cercano. Algo de revelación post-sensorial por tanto posee la contemplación (digital, retro iluminada y por tanto dotada de un aura sobrenatural), de los cuadros de Adrián Navarro.              

Volvamos al asunto tecnológico o mejor “tecno” como segunda preocupación. Empleando tecno en su doble aceptación, tecnología, la empleada en la realización de una pintura que, recordemos, necesita el elemento informático como soporte previo, pero también tecno en los sutiles guiños que esta pintura lanza hacia tradiciones otrora repudiadas o al menos en franca oposición a la sacrosanta disciplina de la pintura. Op-art, pop-art, wall-paper, publicidad, fondos de pantalla, pegatinas, flyers, incluso imágenes de iconografía religiosa barata atraviesan la memoria. Pero la atraviesan cruzadas con Dalí, Duchamp, Man Ray, de Kooning y tantas otras referencias que han informado la pintura reciente de Adrián Navarro, produciendo un igualamiento entre altura y bajura que, unido a la mencionada negación (por desbordamiento) del tema, supondría la inicialmente imperceptible carga de profundidad o de transgresión de este trabajo. Provocación mitigada eso sí por la azucarada saturación cromática tecno, dulce a la vez que ácida, animada por la luz artificial que parecería emanar del interior de estas esferas y rejillas.

Mencionar finalmente, a modo de estado de ánimo añadido, la estabilidad como emoción que produce este trabajo. Frente a cualquier posible interpretación de lo aquí escrito como insolencia o descreimiento frente al hecho de pintar por parte de Adrián Navarro, la naturaleza simétrica, axial y algo totémica de sus cuadros recupera por el contrario esa capacidad casi letárgica, de anclaje y polarización que el objeto-cuadro puede llegar a tener. El cuadro como objeto incuestionable, despojado de accidentes, reducido a lo elemental y cuya ficticia volumetría, acentuada por el relieve virtual que aparentan las figuras pintadas, contribuye a un efecto hipnótico que atrapa al espectador. Un efecto que rompe la cadencia distraída en la que nos sume la vida informatizada contemporánea para finalmente ofrecer, eso sí mediante el empleo prestado de técnicas y metáforas digitales, una experiencia genuina que nos desvela una vez más la conciencia de lo corpóreo y material. 
       
    
Jacobo García-Germán


Exposiciones individuales

2014
Galería Maior, Pollença, Mallorca.

2013
Espacio Rojo. Galería Pilar Serra. Madrid.

2012
Reflections. Maerz Contemporary. Berlin.
In & Out. 60 Threadneedle Street Art Space. Londres.

2011
Ciclo Anillos. Galería Pilar Serra. Madrid.

2010
Ring Cycle. VJB Arts. Londres.

2009
Implosión. 60 Threadneedle Street Art Space. Londres
27 Ojos Galeria Charpa. Valencia.

2008
Common People. Ada Street Gallery, Londres.

2007
Galaxia. UBS Bank. Madrid.

2006
Hombres y Salvajes. Galería Artificial. Madrid.

2004
Fuente  Espacio F. Madrid.

2001
De Diario Centro de Arte de la Comunidad de Madrid.

1999
De Diario. Taller estudio Alfiz. Madrid.

 

Exposiciones colectivas (selección)

2014
The Collection. Eastmen Gallery. Hasselt. Bélgica.

2013
Geometry of Chance. Mirus Gallery. San Francisco.
Premiere. Maerz Contemporary. Berlin.

2012
Cómplices del arte español. Fundación Canal. Madrid.

2011
Colectiva I. Galería Pilar Serra. Madrid.
Sagacity. Smoke House Gallery. Londres.

2010
Pintura y Escultura. Galería Pilar Serra. Madrid.
La Perruque. Hackey Wicked Festival. Londres.

2008
Illumini. Crypt Gallery. Londres.

2007
SALON 07. Seven Seven Contemporary. Londres.
ART UNWRAPPED. Mother Studios Building. Londres.

2005
Todos mis amigos han muerto. Galería Casa Borne. Antequera.

2004
Generación 2004. Premios y Becas de Arte Caja Madrid.

2003
Hernández, Navarro, Mastretta. Heinrich Ehrhardt Gallery. Madrid.

2002
Jovenes creadores. Luis Adelantado Gallery. Valencia.

 

Museos y colecciones

- UBS Bank
- Circa XX (Colección Pilar Citoler)
- Fundación AENA
- Caja Madrid